Frente a mis ojos, la nube negra se apodera de los cerros, los viste con oscuros oráculos. Los viejos árboles aguardan por la llegada de la tormenta y en ellos se refugian los gorriones tímidos, que de a pocos han venido desapareciendo en lo anónimo y ridículo de lo cotidiano.
Giró un instante, observó como los hombres instalan las sombras a mi espalda, adoran inconscientemente la oscuridad ignorando su belleza, le rinden culto por la inercia que acompaña a las masas.
El silencio se instala y el viento susurra cánticos olvidados. Ya viene la lluvia.