domingo, 17 de julio de 2011

Poema

Veo sus ojos y su mirar luminoso; ella ve más allá de la humareda. Sus labios rosas y provocativos, me sonríen; me insinúan algo silencioso, algo sobre lo que es la vida.
Observo cómo su piel blanca está pegada a las costillas.
Un lunar suyo me distrae por un rato; me imagino naufragando en un océano de su pie
l, encallando en la solitaria peca, me veo con barbas largas y enmarañadas, la piel tostada, observando la llegada de la oscuridad de los días que se insinúa en el atardecer; Oscuridad negra como su cabello que cae por detrás de sus hombros delgados.
Escucho su susurro mientras cierra los ojos y finge un sueño calmo. Jugueteo con su pelo bruno y largo; enredo mis dedos lentamente. Su boca sonríe maliciosamente. Mis dedos se pierden en su cabellera.
De repente, descubro su oreja puntiaguda; acerco mis labios y susurro pausadamente, con voz ronca y solemne palabras que fluyen como el agua. Beso su cabeza. La luz de la lámpara lástima mis ojos; entrecierro mi ojo izquierdo y me pierdo en el bosque tupido, oscuro y perfumado de su cabellera.
Me distraigo y llegan a mí voces que oran diciendo “en el principio todo era oscuridad”. Abro bien mi ojo y la hiriente luz. El silencio es reconfortante; puedo escuchar su respiración. Veo su rostro y la sonrisa se ha marchado, sus ojos están cerrados.
 Ahora duerme

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