Pasan los minutos con lentitud; siento como el tiempo cae sobre mí y carcome toda la capacidad para afrontar los vientos. Cada segundo miro como la niebla cae desde las cimas y oculta los significados de las cosas, olvido las palabras de lo básico y no comprendo los mensajes en los símbolos ocultos en las paredes y graffitis. Soy un extranjero que no comprende el idioma de la nación por la que transito con mis sandalias gastadas; las personas asumen que soy un bárbaro venido de ciudades utópicas y míticas. Las barbas me crecen y encanecen haciéndome un hombre extraño en mi reflejo. Al morir la mañana puedo presentir que soy observado por bestias y fieras que me miran desde la oscuridad de los edificios, me acechan para caer sobre mí, para atacarme, para devorarme y asesinarme, o por lo menos asustarme y expulsarme de estas tierras sin nombre. La ansiedad hace apresurar mis pasos cuando busco en la noche mi refugio en las montañas, las manos me tiritan y el hambre me impacienta, pero se que debo moverme rápido o seré el alimento de los lobos que durante todo el día me rondan, aguardando tratando de descifrarme, saboreándose y aullando mientras me miran fijamente desde la retaguardia
Selección de poemas, crónicas, historias, eventos, en resumen escritos en servilletas del autor.
lunes, 12 de mayo de 2014
Escrito de: Frente a los engranajes
Pasan los minutos con lentitud; siento como el tiempo cae sobre mí y carcome toda la capacidad para afrontar los vientos. Cada segundo miro como la niebla cae desde las cimas y oculta los significados de las cosas, olvido las palabras de lo básico y no comprendo los mensajes en los símbolos ocultos en las paredes y graffitis. Soy un extranjero que no comprende el idioma de la nación por la que transito con mis sandalias gastadas; las personas asumen que soy un bárbaro venido de ciudades utópicas y míticas. Las barbas me crecen y encanecen haciéndome un hombre extraño en mi reflejo. Al morir la mañana puedo presentir que soy observado por bestias y fieras que me miran desde la oscuridad de los edificios, me acechan para caer sobre mí, para atacarme, para devorarme y asesinarme, o por lo menos asustarme y expulsarme de estas tierras sin nombre. La ansiedad hace apresurar mis pasos cuando busco en la noche mi refugio en las montañas, las manos me tiritan y el hambre me impacienta, pero se que debo moverme rápido o seré el alimento de los lobos que durante todo el día me rondan, aguardando tratando de descifrarme, saboreándose y aullando mientras me miran fijamente desde la retaguardia
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